Protección solar
Si bien estamos llegando al fin del tan ansiado período estival, cabe hacer un pantallazo acerca del alcance de la exposición solar característica del verano. Al menos para tomar conciencia de nuestros hábitos en cuanto a protección solar, y tenerlos en cuenta para el siguiente año.
Con la llegada de esta estación, nos exponemos en gran medida a las radiaciones que emite el sol. Es normal que nos protejamos mucho, principalmente porque la concienciación sobre los riesgos ha aumentado. Pero también hay muchas dudas al respecto. Entre otras, es frecuente preguntarse: ¿Hasta qué época del año protegerse?. ¿Cuánta crema protectora es recomendable aplicarse? ¿Qué son los factores indicados en los productos? ¿Cuál de ellos es el recomendado para mi tipo de piel? etcétera.
Intentaremos hacer un acercamiento a tales cuestiones. Empecemos por el principio.
EL SOL Y EL DAÑO QUE PRODUCE
El sol emite radiaciones que, para nuestro interés, se dividen en: Ultravioletas A (UVA) y Ultravioletas B (UVB). Las primeras están relacionadas con el envejecimiento prematuro y un daño a la piel más profundo y mantenido. En cambio, las UVB se asocian con quemaduras y un daño más superficial, pero en breve tiempo de exposición.
Tenemos que tener en cuenta que la radiación solar induce un efecto inmunomodulador que, aparte de quemaduras y envejecimiento prematuro cutáneo (aumenta por cinco la tasa de envejecimiento), puede facilitar el desarrollo de cáncer de piel. Recientes estudios han demostrado que la radiación ultravioleta A (UVA) y la Radiación Ultravioleta B (UVB) son inmunodepresores, es decir, que disminuyen la capacidad de defensa de nuestro cuerpo. Como resultado, los protectores que solamente absorben UVB son menos efectivos que los protectores de amplio espectro, que incluyen tanto los UVB como los UVA. Éstos últimos suelen incluir un marcado especial que se corresponde con la siguiente imagen:
PROTECTORES SOLARES
Actualmente está vigente una normativa europea acerca de lo que debe informar un producto vendido como protección solar; esto es: de qué tipo de radiación protege, el factor de protección, etc; tratando de que la elección del consumidor se vea facilitada… Siempre y cuando sepamos qué estamos leyendo. A este fin, es conveniente tener en cuenta:
- Factor de Protección Solar (FPS) o Índice de Protección (IP): nos indica el número de veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel frente al eritema o enrojecimiento previo a la quemadura, por lo que nos está dando información sobre la protección frente al UVB, pero como hemos visto no indica nada sobre protección UVA.
- Cantidad a colocar: Las recomendaciones actuales hablan de una cantidad de 2g de protector/cm2 de piel. Esto se podría resumir en que hay que colocar una capa fina sobre la piel para que el producto pueda lograr su efecto. También podemos pensarlo como cucharadas: 1 cucharada grande podría servirnos, por ejemplo, para la cara. Debemos ser generosos en la aplicación
- Cuándo y hasta cuánto: Como ya es sabido, la aplicación del protector debe realizarse 15-30 minutos antes de exponernos; y las recomendaciones actuales hablan de aplicar protector incluso en invierno. El hasta cuando se reduce en un «siempre antes de salir de casa» a poder ser.
- Características especiales: tenemos que valorar el entorno en el que estamos. La arena, la nieve o el agua actúan reflejando los rayos y potenciando la exposición. Si pensamos refrescarnos mediante el uso de piscinas, mar, ríos, debemos considerar lo que informa el protector acerca de si es Water resistant: el fotoprotector sigue actuando después de 40 minutos de inmersión en el agua; o,Waterproof: el fotoprotector continúa protegiendo después de 80 minutos de inmersión en el agua.
¿CUÁLES SON LOS RIESGOS Y POSIBLES COMPLICACIONES DE LA EXPOSICIÓN INTENSA?
- Quemaduras: Suelen ser de primer grado, o sea, superficiales. Hay que prestar mayor atención a aquellas que se producen en la infancia puesto que aumentan el riesgo de melanoma, un tipo de tumor de piel muy agresivo y mortal.
- Envejecimiento prematuro: Aumenta por cinco el fotoenvejecimiento cutáneo. Lo que se traduce el aparición de arrugas y adelgazamiento, manchas solares, hiperpigmentación…
- Cáncer de piel: Sobre todo por el daño acumulado de varios años de exposición en el caso de los tipos Basocelular y Epidermoide, que son los más comunes.
CONCLUSIÓN
Lo advirtamos o no, la moda ha ido imponiendo como ícono de belleza una piel permanentemente bronceada a lo largo de las estaciones del año. No es nuestra intención a través estas líneas generar una especie de fobia al sol y al bronceado que realmente pueden ser un atributo más de belleza, sino por el contrario, tomar conciencia de los peligros de la exposición inadecuada al mismo, y por ello modificar en cuanto esté a nuestro alcance, conductas veraniegas «dañinas» por otras que hagan nuestra exposición al sol placentera y saludable.



